
Quienes han pasado por el estudio describen una experiencia cuidada de principio a fin: destacan la higiene del local, el perfeccionismo con cada detalle del trabajo y el trato cercano y atento del tatuador, que según varias opiniones disfruta mucho de lo que hace. Varios clientes dicen que volverían. El estudio está en la calle Juan Castillo, en Mancha Real, y cuenta con acceso para sillas de ruedas.